En los caminos de tierra de la chacra de Cañuelas, entre la deriva y el hallazgo, habita una memoria invisible en lo que el tiempo deja atrás.
Maderas erosionadas, hierros oxidados y objetos desplazados de su función original, guardan una potencia que espera ser nombrada: la de construir a partir de las ausencias, recuperando aquello que ha quedado despojado de sentido.
A través de una arqueología afectiva que despliega una “poética del resto”, cada ensamble opera como un proceso de duelo hecho cuerpo: un trabajo de bordear la pérdida para transformar el fragmento en un soporte de resistencia, haciendo habitable el hueco y convirtiendo el olvido, en una pausa necesaria para la mirada.
La re-construcción no propone un retorno al pasado, sino una ética del cuidado sobre lo vulnerado y una reparación simbólica que integra el quiebre como parte de una nueva identidad. La tensión entre la porosidad de la materia y la firmeza del ensamble actúa como metáfora de la subjetividad en crisis: fragilidad y resistencia conviviendo en un mismo soporte.
Al rescatar estos restos, la obra nos invita a habitar un refugio de cicatrices, recordándonos que toda identidad es un andamiaje levantado sobre sus propios huecos; un montaje de fragmentos que cobra vida cuando nos atrevemos a construir sobre el vacío.
@mirnaaltomare_arteterapia
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